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El empoderamiento de los pueblos tras el Covid-19

Actualizado: 15 jun 2020

Publicado Cantabria Liberal --> aquí


Al inicio de decretarse el Estado de Alarma y el confinamiento hubo una oleada de desplazamientos hacia las zonas rurales. La España Vaciada recibía miles de visitantes “troyanos” a sus pequeñas localidades. Ahora, en el proceso de desescalada, se prevé otro nuevo éxodo hacia los pueblos.



Antes del Covid-19 (A.C-19), había una enorme preocupación por el despoblamiento que asola a los pueblos de España, fruto del engorde de las metrópolis. El actual modelo económico y de vida ha hecho que en los últimos dos siglos muchos jóvenes vean su futuro laboral en las grandes ciudades. Sin embargo, ahora que el sistema se ha colapsado por un enemigo microscópico como es el Covid-19, la sociedad se sume en una obligada reflexión sobre la gestión de nuestros recursos naturales y modo de vida.

Somos extremadamente vulnerables porque dependemos al 100% de un modelo insostenible que consume de forma ilimitada recursos limitados. En el medio rural esta sensación de desabastecimiento de recursos básicos como la comida no se ha vivido igual que en las ciudades. En los pueblos viven agricultores y ganaderos, hay tierras con cultivos que en el peor de los casos pueden sacar de un apuro a sus habitantes. Además, la dispersión de la población ayuda a que no haya una sobrecarga como ocurre en las ciudades.

Un porcentaje alto de urbanitas han pasado de ver los pueblos como lugares con déficit de servicios y anclados en el pasado, a ser oasis de vida. Los usos y tradiciones y el contacto con la tierra resultan tras esta pandemia más interesantes que antes. A.C-19, se realizaban congresos para poner en valor las potencialidades de los pueblos y medidas para intentar frenar el despoblamiento. En estos dos meses, todos hemos sido conscientes de lo gratificante de vivir en un pueblo y la mejor calidad de vida en ellos.

Pero no es oro todo lo que reluce, porque sigue habiendo muchos agujeros negros pendientes de resolver en las zonas rurales. En Cantabria, por ejemplo, y en el valle de Liébana en particular, es primordial la optimización de la señal de internet. Hay vecinos, como los del pueblo de Bejes, que llevan años rogando que se les dote de red para poder tener internet y hacer y recibir llamadas. Algo tan básico como necesario en nuestros días. Pese a estos flecos pendientes y otros, la vida en los pueblos de Cantabria es de calidad y sus pobladores se sienten orgullosos de ser de pueblo.

Días previos al confinamiento, muchos ciudadanos vieron en el medio rural de Cantabria el lugar perfecto para huir de esta pandemia. Con el proceso de desescalada se estima que los pueblos vuelvan a recibir miles de visitantes ansiosos de libertad y zonas verdes. Cantabria cuenta con infinidad de sendas naturales, un abanico enorme de deportes al aire libre, variedad de ecosistemas, pueblos de costa y de montaña… Todo ello a escasos minutos de la capital cántabra. Conscientes del poder del entorno rural, las distintas comunidades autónomas están perfilando sus campañas de marketing turístico enfocadas a estos entornos.

Esta pandemia ha empoderado el papel de los pueblos en la sociedad, y esto me alegra. Pero ahora que comienza la ‘nueva normalidad’ y el proceso de desescalada reflexionemos sobre nuestra implicación en la conservación de esos espacios verdes y seamos responsables en el disfrute del medio natural. Si algo nos tiene que enseñar esta pandemia es que hay vida más allá de nosotros mismos y que la fauna y flora debe ser protegida porque no es infinita. Habitantes de pueblos y de ciudades estamos obligados a cuidar nuestro patrimonio natural. Ahora más que nunca.


Publicado Cantabria Liberal --> aquí





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