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El ‘tardíu’ cántabro



Artículo publicado en El Diario Montañés --> aquí.


El ‘tardíu’ (otoño cántabro) es la estación de transición entre el fulgor veraniego, con días de luz duradera y nuevas vidas, y el sosiego del invierno, con jornadas más cortas y temperaturas frías. Esta estación da el toque de queda al desenfreno y prepara a los habitantes para meses más solitarios y exigentes.

Robles, castaños, hayas, setas… Preparan un tapiz comestible en las sendas de los bosques, una ayuda extra que nadie desaprovecha antes de entrar en la estación de las nieves. El otoño cántabro llega con las primeras lluvias y nieblas, acompañadas del eco de la berrera que resuena en los bosques y brañas de la región. Sólo los más afortunados escuchan el choque de las cuernas que después comentan a la luz de la lumbre con una buena magosta.

El tardíu nos trae recogimiento y estampas de lienzo a lo largo de nuestra Cantabria Infinita. Los colores ocres comienzan en las cotas más altas y bajan ladera abajo hasta llegar a primera línea de costa. En el litoral, el mar Cantábrico acoge los primeros temporales que traen consigo a numerosas aves exhaustas que migran sin descanso. Comienzan a llegar numerosos petirrojos invernantes, esos guardianes chismosos que alegran con su pecho colorido los días grises; los bandos de estorninos, que dibujan lo que cada cual quiera ver en el cielo; las aves marinas, que podemos ver desde primera línea de costa, y otras aves que aprovechan para darse un descanso en las Marismas de Santoña, en la Bahía de Santander, una de las más hermosas del mundo, en las Marismas Blancas, etc.

En el interior, el oso pardo acapara todas las bellotas y hayucos que puede, aunque ya no afronte los mismos inviernos fríos que décadas atrás. El rebeco parece coger el relevo al ciervo, así que comienza su cortejo a finales de octubre o principios de noviembre mientras los primeros copos cubren su nuevo manto que se prepara para las ventiscas y los vientos gélidos de las cumbres.

Los habitantes del medio rural van llenando el arcón y preparan la leña para los días que haga falta atizar. Es también época de vendimia para poder deleitarnos con los caldos, orujos y licores de las viñas. Mientras, el ganado baja de los puertos a sus cuadras. La hierba que los ganaderos atroparon bajo el sol veraniego sirve ahora de alimento a los animales que duermen a resguardo. Las chimeneas comienzan a humear y el crepitar del fuego se impone en los hogares. Todo huele a otoño y es hora de sacar la cámara y pasear… Huele a pueblo, huele a Cantabria.







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